Ocultamiento y estupidez

Toda separación y distinción es arbitraria. No sucede más que por el sesgo analítico propio de nuestra naturaleza cognoscitiva. Este suceso podría ser considerado como algo limitante, ya que nos privaría de constatar la real unicidad de las cosas, su flujo, el devenir incesante. No obstante, llevado al plano productivo se constituye como uno de los principales motores para la creación, ya sea artística o intelectual.

Quien no se abstrae de vez en cuando de sus actividades cotidianas, estas terminarán por consumirlo. Sus limitaciones se a crecentan, aunque en apariencia crea que adquiere más libertad. Visto desde fuera, la escena no puede ser más patética. Un ser humano, dotado de un sin numero de posibilidades, con un trazado moldeable, se confina por voluntad propia a un espacio reducido, inhóspito, lúgubre y aislado de los demás. Si detrás de esto hubiera una demostración de la voluntad humana, de seguro tales privaciones constatarían su poder. Pero la constatación no le basta a aquel que cree haber encontrado en ese espacio ficticio la salida hacia algo.

El recogimiento a sí mismo ni siquiera puede ser visto como algo positivo en vista de asociarlo a un ejercicio critico y autoconsciente, ya que tales individuos por lo general lo hacen para dedicar su tiempo a elaborar complejas elucubraciones teóricas o artísticas que lo que buscan finalmente no es más que ocultar las propias debilidades. La luz de salida que pretenden hallar no es más que el reflejo de sus problemas, el cual se separa cada vez más de sí mismos, quedando fuera del alcance como para intentar resolverse. Se enamora así no del resultado, puesto que este le es esquivo, se aleja cada vez más de él, es decir, de sí mismo. Tal sujeto vive así confinado a sólo una realidad, careciendo de los diversos matices que ofrece el panorama. Es el precio que paga por escapar de la estupidez.

Ahora bien, el precio que pagan los estúpidos tampoco es menor. En este caso, la huida es la misma, pero es el método el que varía. Mediante la ocupación de actividades intrascendentes también los sujetos pueden despreocuparse de sí mismos. El trabajo, la política, las amistades, las banalidades, los encuentros, son todas formas de escapar de la cita con el “yo”. Mantener la mente ocupada en los otros es más fácil y placentero que velar por sí mismo. Esto los hace caer ante una serie de vulgaridades, las cuales producen nauseas en los que se esconden, asco que sería mayor si constataran que hay mas similitudes que diferencias con su objeto de repulsión.

¿Tan difícil es ver que necesitamos de ambos planos? Tanto vivir de forma constante en la oscuridad como en la estupidez es un vicio, puesto que ninguno saca algo en limpio de aquello. Solo en el continuo transitar entre uno y otro podremos hallarnos. Es mediante el contraste que somos conscientes de lo que somos y tenemos. El ocultamiento es posterior a la estupidez, puesto que desde ésta todos partimos. Pero el quedarse en ella significa perderse en problemas ideados por uno mismo.

 

Eduardo Schele Stoller

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