La manifestación del determinismo tecnológico

Vistos ya los tipos de determinismos tecnológicos, los criterios para definir los mismos y seleccionado aquel que realmente los satisface (véase: El determinismo tecnológico), cabe preguntar ahora por su factibilidad, esto es, saber si es que realmente se aplica lo que sostienen los defensores de las explicaciones nomológicas, es decir, aclarar si efectivamente el cambio social está directamente relacionado con la tecnología y si se desarrolla esta última siguiendo una senda fija y predeterminada. Con esto nos propondremos dilucidar si se da o no el determinismo tecnológico. Para tal tarea aludiremos al materialismo histórico de Marx, autor ineludible a la hora de abordar este tema.

Para saber si en Marx hay determinismo tecnológico lo primero es localizar en qué parte de su esquematización del materialismo histórico se encuentra la tecnología y qué rol le atribuye a ella. Una buena aproximación es partir enumerando los factores que se incluyen en el proceso del trabajo, el cual el ser humano empela para satisfacer sus necesidades elementales. Tales factores son el trabajo mismo, sus objetos y sus medios. Para nuestros fines, debemos poner especial atención en los medios de trabajo, que son los objetos que el ser humano interpone entre él y el objeto que trabaja y que le sirve para dirigir su actividad sobre tal objeto. El objeto que el ser humano empuña directamente no es el objeto sobre el que trabaja, sino que los instrumentos de trabajo, siendo estos los que distinguen a una época económica de otra, esto es, con qué instrumentos se trabaja en las mismas. Ahora bien, estos instrumentos no miden solamente el desarrollo de la fuerza de trabajo del hombre, sino que también las condiciones sociales en que trabaja. Así, sostiene Marx, en el proceso de obtención de un producto actúan dos factores, los medios de trabajo y los objetos sobre los que versa el proceso. Ambos constituyen los medios de producción (Cf. Marx, 1971: 298-299).

El factor primordial para el materialismo histórico de Marx, que influye a la sociedad y al paso de una época a otra, es el modo de obtención de los medios necesarios para la existencia del ser humano, esto es, el modo de producción de los bienes materiales (como el alimento, la vestimenta, el calzado, la vivienda, el combustible y los instrumentos de producción) los cuales son necesarios para que una sociedad viva y se desarrolle. Los instrumentos de producción, con los que se producen los bienes materiales, junto a los hombres, que manejan tales instrumentos, forman las fuerzas productivas de la sociedad. A estas fuerzas también se le suman las relaciones de producción, que son todas aquellas relaciones que establecen los hombres a causa del proceso de producción, ya que los hombres no usufructúan de la naturaleza para la producción de bienes materiales de manera aislada, separados unos de otros, sino que, por el contrario, lo hacen juntos, en grupos, en sociedades, razón por la cual la producción es siempre social.

Para Marx, las producciones sociales de la vida de los hombres corresponden a un grado determinado del desarrollo de las fuerzas productivas materiales (Cf. Marx, 1971: 295). De esta forma, el conjunto de relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la cual es la base concreta sobre la cual se levanta una superestructura jurídico-política y a la que corresponden, a su vez, determinadas formas de conciencia social. Así, afirma Marx, el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de vida social, política e intelectual en general. No es, pues, la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino que al contrario, es su ser social el que determina su conciencia (Cf. Marx, 1971: 295).

Después de esta breve exposición general de algunos aspectos del materialismo histórico de Marx podemos inferir fácilmente que la tecnología se encuentra dentro de las fuerzas productivas. Nos queda ahora ver si es que hay en el pensamiento marxista determinismo tecnológico. Como vimos, la tecnología es sólo una parte más de las fuerzas productivas y no el único factor constituyente de ellas, ya que también deben incluirse los seres humanos, los objetos y medios o circunstancias generales de la producción. Así, la tecnología influye sólo en parte a la sociedad y no de manera necesaria y exclusiva. Es un medio más, un instrumento, y no un fin. A raíz de estas consideraciones y en vista de lo que sostuvimos antes, podemos notar que en Marx hay una alusión tanto al proceso como al producto tecnológico. La sola inclusión del proceso al análisis histórico de la tecnología, la hace ser a esta última no determinista, ya que, como vimos, tal alusión reconoce también la influencia de los seres humanos en la sociedad, entre otros factores. Según esto, parece plausible eliminar del pensamiento de Marx cualquier atisbo de determinismo tecnológico, pues, no cumple, como vimos, con ninguno de los dos criterios establecidos previamente. Por tanto, siguiendo las argumentaciones del marxismo, podemos concluir que el determinismo tecnológico, como lo promulgan los defensores de las explicaciones nomológicas, no se manifiesta como tal.

Eduardo Schele Stoller

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