El determinismo tecnológico

Para analizar la idea del determinismo tecnológico utilizaré los tipos que identifica Bruce Bimber. Habría al menos tres tipos de determinismo tecnológico que ofrecen supuestos y explicaciones causales muy diferentes. Estas son las interpretaciones “normativas”, “nomológicas” y de las “consecuencias imprevistas”. De estas interpretaciones la más común es aquella que se basa en las actitudes humanas para explicar la influencia histórica de la tecnología, a saber, la “interpretación normativa”. Uno de los autores que se identifica con esta concepción es Jürgen Habermas, quién busca las formas en que la sociedades puedan utilizar concepciones éticas para controlar consciente y deliberadamente las normas prácticas que implica el desarrollo tecnológico. Según Bimber, para Habermas tal desarrollo es esencialmente una empresa humana en la que los individuos que la componen crean y utilizan la tecnología se mueven motivados por objetivos y juicios de valor sobre los bienes públicos y privados (Cf. Bimber, 1996: 97). En este sentido, afirma Bimber, nos encontramos aquí ante una interpretación del determinismo tecnológico, la cual alude a las normas prácticas o más bien a la falta de ellas, pues, para Habermas, la tecnología sería autónoma y determinista cuando las normas mediante las cuales ella progresa se eliminan del discurso político y ético, o cuando los objetivos de la eficiencia o de la productividad se convierten en sustitutos de los debates sobre los métodos, las alternativas, los medios y los fines basados en valores. Así, esta interpretación representada por Habermas, no es en sí misma determinismo tecnológico, ya que aspira a todo lo contrario, siendo más bien una visión del mismo (Bimber, 1996: 98).[1] Aun así, podemos notar que en donde centra su análisis este enfoque es, principalmente, en el proceso tecnológico, ya que se pretende controlar las normas prácticas que influyen en el desarrollo tecnológico, dadas particularmente, como hemos visto (véase: Una noción de tecnología), en el subsistema de gestión. Esto significa evaluar los objetivos y juicios de valor que poseen los agentes antes de la elaboración de los artefactos[2]. La interpretación normativa tendrá gran concordancia, como veremos, con la situación actual que vive la tecnología, la cual ha sido expuesta por Robert Heilbroner.

La segunda interpretación que explica el papel de la tecnología en el cambio social es la que Bimber denomina como la explicación de las “consecuencias imprevistas”. Este enfoque se centra en los efectos imprevistos de los avances tecnológicos y se deriva de la observación de la incertidumbre en los resultados de las acciones y de la imposibilidad de controlarlos (Bimber, 1996: 101). Bimber alude a un ejemplo muy ilustrativo. Los primeros defensores del automóvil promulgaban tal medio de transporte por ser más limpio para el medio ambiente que los caballos, ya que estos últimos depositaban su estiércol en las calles. Sin embargo, no previeron la destrucción del medio ambiente que provocarían los gases generados por el motor de combustión interna. Esto se constituye, pues, en un efecto no buscado ni controlado. Así, sostiene Bimber, la tecnología es, al menos en parte, autónoma, ya que los avances tecnológicos desempeñan un papel en la determinación de los resultados sociales que está fuera del control del hombre. Estas explicaciones no postulan ninguna práctica cultural o social específica que produzca los efectos de la tecnología, sino que se centra en la imposibilidad de saber totalmente cuáles serán las consecuencias de las elecciones tecnológicas (Bimber, 1996: 101). Por tal motivo, el enfoque de las “consecuencias imprevistas” se centra principalmente en el producto del proceso tecnológico, ya que alude a la imposibilidad del conocimiento y control de todos los efectos que puedan generar los artefactos.

Bajo la tercera interpretación, el determinismo tecnológico se concibe como la idea de que bajo la situación actual y pasada del desarrollo tecnológico y de las leyes de la naturaleza, el cambio social puede seguir en el futuro sólo un curso posible. Así, la tecnología ejercería una fuerte influencia en la práctica social (Bimber, 1996: 99). Esta es la interpretación “nomológica” del determinismo tecnológico. En este enfoque, afirma Bimber, hay dos tesis implícitas. La primera es que los avances tecnológicos se producen siguiendo una lógica dada por la naturaleza y no por la cultura o la sociedad, y la segunda, es que tales avances provocan adaptaciones y cambios sociales.[3] Esta interpretación difiere tajantemente de la normativa, pues, sostiene Bimber, para esta última es lo que los individuos piensan o desean lo que da lugar a la sociedad tecnológica[4] (Bimber, 1996: 100).

Como hemos visto, el enfoque nomológico también se centra, principalmente, en el producto tecnológico, pues, a diferencia del enfoque normativo, explícitamente descarta la intervención humana a través de las normas sociales como motor del desarrollo social. Son más bien los productos tecnológicos, independiente de los pensamientos o deseos de los individuos, los que determinan a la sociedad.

Una vez descritos los tres tipos de determinismos tecnológicos, Bimber se propone discriminar entre ellos para lograr establecer cuál representará una real postura determinista, utilizando para esto los criterios elaborados por G. A. Cohen (Cf. Cohen, 1978). El primer criterio sostiene que el determinismo tecnológico debe defender la tesis de que la historia viene determinada por las leyes o por las condiciones físicas-biológicas y no por la voluntad del hombre. Esto haría a la historia ser determinista, ya que se afirma que los fenómenos futuros vienen determinados por acontecimientos anteriores. El segundo criterio sostiene que la tecnología debe necesariamente desempeñar un papel importante en la manera en que los acontecimientos anteriores determinan el futuro. Así, se afirma que las leyes de la naturaleza que determinan la historia del hombre lo hacen realmente a través de la tecnología (Cf. Bimber, 1996: 102).

Teniendo en cuenta estos criterios, Bimber los aplica a las tres interpretaciones. El enfoque normativo, al anteponer las creencias humanas y las políticas sociales como poderes causales en la historia, no satisface los criterios (tecnología como proceso) (Cf. Bimber, 1996: 104). Es más, a nuestro juicio, ni siquiera pretende hacerlo. Como ya señalamos, quienes la defienden solo se atañen a describir una situación que les parece desfavorable y que, por tanto, no niegan. De aquí que ni siquiera haya sido necesario aplicarle los criterios. El enfoque de las consecuencias imprevistas tampoco cumple los criterios, ya que al aludir a las consecuencias no controladas e imprevisibles de la tecnología, no son ni siquiera deterministas, sino que todo lo contrario, indeterministas (tecnología como producto) (Bimber, 1996: 104). Así, llegamos al último candidato, el enfoque nomológico, el cual efectivamente cumple a cabalidad los criterios, al sostener que el cambio social está directamente relacionado con la tecnología y que la misma evoluciona siguiendo una senda fija y predeterminada independiente de la intervención humana. Por lo demás, pienso que las explicaciones nomológicas son las únicas que asumen o defienden directamente una postura determinista tecnológica (tecnología como producto). Con esto, quiero hacer notar que todo determinismo tecnológico debe centrarse en la tecnología como producto, ya que de lo contrario, aludiendo también al proceso, tendrían injerencia en el desarrollo histórico-social factores mucho más variados (no sólo los artefactos), entre los cuales cuentan las intervenciones humanas.

Eduardo Schele Stoller


[1] Otros autores que siguen esta visión son Jacques Ellul, Lewis Mumford, Herbet Marcuse y Langdon Winner (Cf. Bimber, 1996: 98). Esta visión o caracterización de lo que es el determinismo tecnológico también fue  atisbada, como veremos, por Robert Heilbroner, autor desde el cual se podría llegar a entender el por qué de la situación determinista tecnológica relatada por Habermas.

[2] Veremos que no todos los enfoques se centrarán de igual forma en el proceso

[3] Bimber también cataloga a Heilbroner dentro de la interpretación nomológica. Esto sería en parte cierto. Sin embargo, a nuestro entender, Heilbroner se mueve por los tres tipos de determinismos que ofrece Bimber.

[4] O al menos así debería ser.

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