El amor como simbolización

Mediante su análisis de la película Luces de la ciudad de Charles Chaplin, el filósofo esloveno Slavoj Žižek caracteriza al amor como un fenómeno de simbolización. Este tipo de relación simbólica se pierde cuando la persona objeto de deseo deja de ocupar su lugar idealizado en nuestras mentes, es decir, “cuando el otro se ve confrontado con el residuo que queda después de que nosotros hayamos perdido nuestro sostén simbólico.” Cuando finalmente abrimos nuestros ojos y comprendemos que “la carta” (el amor) real no es el mensaje que supuestamente traemos, sino nuestro ser en sí mismo, esto es, el objeto que en nosotros resiste a la simbolización. Cuando “la carta” llega a su destino, tiene a lugar la separación (1994: 18-20). En suma, de lo que nos enamoramos es de nuestras propias categorías, no del destinatario. De la simbolización, no de lo denotado.

El amor es lejanía, separación del otro. Las dificultades surgen, señala Žižek, cuando el otro se nos acerca demasiado, cuando su proximidad nos sofoca. De allí, hay un solo paso al odio, puesto que tal acercamiento desune el lazo simbólico originario, llevando a la muerte del otro como ser simbólico, volviéndose así ahora un mero objeto, una cosa (1994: 21).

Esta forma de ver al otro no es solo propia del amor. El ver siempre está mediado por un marco de preconceptos históricamente transmitidos, los cuales organizan nuestra experiencia, dándole significado. Este apriorismo que defiende Zizek, le lleva a afirmar que nos sea imposible la objetividad (1994: 29). Por tanto, cuando amamos, lo hacemos enmarcados en nuestras propias categorías, las cuales nos llevan a simbolizar al otro ser. En este sentido, el amor dura lo que dure el mensaje, lo que dure la simbolización. Y esto dependerá no tanto del otro, sino que por sobre todo de quien simboliza, de nosotros mismos.

Eduardo Schele Stoller

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2 pensamientos en “El amor como simbolización

  1. Puede ser. Pero de ser así estaríamos hablando de un fenómeno que se acabaría pronto. De acabarse, la relación con el otro ser ya no sería simbólica, sino que real, siendo el lazo que los une mucho más frágil. La pregunta sería entonces por el estado posterior al enamoramiento.

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