Religión: de la verdad a la caridad

Es innegable la influencia que la religión ha tenido sobre nuestras vidas. Incluso un ateo se reconoce como tal gracias a la existencia, al menos como idea, de Dios. Nuestra cultura en particular es extremadamente conversadora con respecto a sus tradiciones, manteniendo así también sus ritos religiosos. A pesar de esto, es innegable también que esta influencia va en decadencia. Esto no es algo que afecte solo a la religión, sino que a todos los proyectos metafísicos, incluyendo los políticos, los cuales comienzan a dejarse de lado ya notoriamente a finales del siglo XX. Este desconfianza generalizada ante los grandes relatos que presencian las culturas tiene una causa epistemológica; la renuncia a la idea de “verdad”.

Ha surgido así una pluralidad de creencias, cada de una de ellas conforme a sus propios paradigmas. Esto es algo ya derivable de las teorías de Thomas Kuhn y del segundo Wittgenstein, al aludir a la idea de los juegos de lenguaje y la inconmensurabilidad de los mismos. En este panorama no hay ninguno que esté por sobe el otro, ya que cada uno responde a su propia lógica interna. Como anticipó Nietzsche, ya no hay hechos, solo interpretaciones. Esto nos lleva a dos caminos: a la completa incomprensión o al intento de consenso. La incomprensión podría hacernos volver a un estado de naturaleza, reflejándose en una constante lucha de todos contra todos. De hecho, la vida civilizada fue de la mano del dogmatismo, puesto que hubo que unificarse ante mismos ritos y relatos, en vista de generar comunidad. Lo anterior da pie ante enfoques autoritarios, ya que nace así una verdad que hay que defender y replicar. Por otro lado, el consenso es lo que a la larga justifica la democracia, puesto que si hay una verdad, no hay necesidad de consensuarla, sino que me veo inmediatamente justificado a imponerla.

Gianni Vattimo sostiene que presenciamos el paso de la verdad a la caridad. Una sociedad basada en esto último es aquella que no encuentra la verdad, sino que la construye, respetando tanto la libertad individual como el de las comunidades que la constituyen. Bajo esta concepción, se acaban las autoridades absolutas y el ideal del filósofo como un ser soberano, para volverse mas en un artista, en un creador.

Como anticipé, esta crisis de la metafísica correspondentista también ha hecho estragos dentro de la religión. Crisis a la cual ya aludía Nietzsche con la muerte de Dios, el cual se volvía innecesario a la hora de dar cuenta de la realidad, debido al desarrollo científico-tecnológico.  El surgimiento de estas nuevas verdades hace difícil que la religión pueda mantenerse en pie apelando solo a la correspondencia de sus afirmaciones teológicas. Bajo este panorama, Vattimo cree que la religión debe centrarse ahora en la caridad. Si nos fijamos, pareciera que este es de hecho el paso que está dando, por ejemplo, la iglesia católica. Si comparamos los enfoques de Juan Pablo II y Benedicto XVI con los del recientemente electo Francisco I, este último está mucho más centrado en el punto de vista de la caridad, esto es, más preocupado de la integración que de la disgregación en base a verdades dogmáticas. Sin embargo, no hay que olvidar que toda religión se construye en base a ciertos principios de base incuestionables. Ante estos no se puede ser liberal. En este sentido, toda caridad tiene sus límites.

Eduardo Schele Stoller

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