La secta del pensar

Algo de revuelo ha causado el término del programa “Una belleza nueva”, dirigido por el escritor Cristián Warnken. El criterio de tal decisión debe haber pasado seguramente por la escasa cantidad de audiencia seguidora del programa. Según la lógica televisiva contemporánea la decisión es entendible. Es más, ya era extraño que un programa como éste existiera en la parrilla programática de la televisión abierta.

Cuando uno quiere transmitir conocimientos académicos a quienes los carecen con un lenguaje y estética difícil de digerir, es esperable que la gente no se sienta atraída por lo que se ofrece. En este sentido, aunque el programa estuviera en horario estelar, la audiencia habría sido igual de minoritaria. Se está así en la misma posición que Zaratustra cuando desciende de las montañas a predicar las buenas nuevas, las cuales la ciudadanía no entiende o no está preparada aún para hacerlo ¿Qué es lo que le hace falta?

El problema radica en creer aún en la definición aristotélica del hombre como animal racional. El ser humano no tiende por naturaleza a saber. El ser humano primero necesita vivir y dependiendo de su estilo de vida recién ahí tenderá a algún tipo conocimiento. De más está decir que nuestro estilo de vida deja muy pocas energías y tiempo para la reflexión. Lo menos que quiere hacer un individuo cuando deja de trabajar, siempre que su mismo trabajo no lo implique, es reflexionar. El generar tal interés no pasa por tener uno o dos programas en televisión. El problema es mucho más complejo y profundo que eso, ya que para construir hábitos hay antes que destruir otros, y esto implica una re-estructuración completa de la sociedad, para alterar finalmente la forma de vida.

Warnken no podía pretender cambiar todo esto por medio de la televisión, uno de los medios más eficaces para replicar la misma forma de vida contra la que lucha. En este sentido, debería más bien estar agradecido por el espacio dado, el cual le permitió llegar al pequeño grupo que ha podido compatibilizar su forma de vida con la reflexión, los cuales llevan la pesada carga del conocimiento y, por sobre todo, de la conciencia de la ignorancia.

Eduardo Schele Stoller

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